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lunes, 11 de marzo de 2013

Hueso Cortical y Hueso Trabecular

En nuestros huesos distinguimos dos tipos de tejido óseo, el cortical y el trabecular. Diferentes huesos y diferentes partes del hueso tienen ratios diferentes de hueso cortical y trabecular. 

Hueso Cortical y Hueso Trabecular
Hueso Cortical y Hueso Trabecular


El hueso cortical es denso y sólido, también se conoce como compacto, se encuentra sobre todo en el cuerpo de los huesos largos y constituye aproximadamente el 80% del esqueleto. El hueso trabecular o esponjoso constituye el 20% restante del esqueleto. 

Se encuentra en el interior de los huesos planos (pelvis), en los cuerpos vertebrales y en los extremos de los huesos largos. 

El hueso trabecular es metabólicamente más activo que el compacto, con una tasa de renovación anual del 25%, 10 veces superior a la del compacto, que es del 2-3%. En consecuencia, el hueso trabecular, que es más sensible a los cambios bioquímicos, hormonales y nutricionales, también es más susceptible de sufrir mayores pérdidas de tejido. Ésta es la razón por la que la mayoría de las fracturas osteoporóticas suceden en los huesos que tienen más cantidad de tejido trabecular: los cuerpos vertebrales, el extremo superior del fémur y la epífisis distal del radio y el cúbito.

lunes, 28 de enero de 2013

La Vida de Los Huesos

Contrariamente a lo que suele pensarse, el tejido óseo es muy activo metabólicamente y está destruyéndose y reconstruyéndose de manera continua. Para comprender la biología y el comportamiento del hueso, hay que tener en cuenta que a lo largo de la vida nuestros huesos crecen, cambian su forma y estructura, se destruyen y se renuevan (hay una destrucción permanente de pequeñas porciones de hueso “viejo” y la creación de pequeñas porciones de hueso “nuevo”). Los huesos están sometidos a un remodelado continuo mediante procesos de formación y reabsorción.


La Vida de Los Huesos
La Vida de Los Huesos



La pérdida de hueso es un proceso normal que se asocia al envejecimiento. Durante la infancia y la adolescencia existe una elevada reabsorción ósea pero todavía es mayor la formación del hueso, de lo que resulta un aumento de la masa esquelética. Esto se mantiene así hasta, aproximadamente, la tercera década de la vida, tras la cual, habitualmente, la reabsorción del hueso supera la formación. A partir de ese momento se entra en un balance óseo negativo, que conduce a una pérdida anual de masa ósea de un 0,5 a un 1,0%. En la mujer esta pérdida se exacerba al comienzo de la menopausia, cuando la masa ósea puede descender entre una2- 5% anual. Desde que se alcanza el pico de masa ósea y hasta el final de la vida, puede perderse entre un 30 y un 50% de la misma, y en los casos más graves de osteoporosis todavía más.

Otro concepto que resulta interesante, pues nos permite tener hábitos de vida que previenen la osteoporosis, es el siguiente: el tejido óseo tiene una gran plasticidad, lo que le permite aumentar sus “prestaciones” mecánicas cuando aumenta la solicitación y, viceversa, empeorar su calidad cuando se reduce o se eliminan los estímulos mecánicos. Es decir, el hueso se hace más “fuerte” se lo sometemos a esfuerzo. Así, vemos que la inmovilización y la ingravidez se asocian a la pérdida de masa ósea, mientras que, el ejercicio físico ayuda a preservar e incluso puede promover un aumento considerable de la masa ósea. Es a un principio elemental de la biología: el de la economía, de manera que el hueso se ajusta a lo que de él se demanda con el mínimo material posible. Podemos concluir que el ejercicio es fundamental para el aumento y conservación de la masa ósea.